GOURMETIQUE

El Comedor de los Milagros: un recorrido por Latinoamérica sin salir de la CDMX

Por: Diana Bedolla

Hay lugares a los que uno va a comer y otros a los que va a vivir una experiencia. El Comedor de los Milagros pertenece, definitivamente, a la segunda categoría. En plena Roma Sur, este espacio reúne diferentes propuestas gastronómicas latinoamericanas bajo un mismo techo, convirtiéndose en una especie de pasaporte culinario donde cada local cuenta una historia distinta a través de sus sabores.

La propuesta es sencilla de entender, pero muy divertida de experimentar: llegar con hambre, recorrer las diferentes opciones y dejarse llevar por aquello que más se antoje. Colombia, Brasil, Venezuela, Perú, Argentina, Uruguay y México forman parte de este recorrido gastronómico que convierte al comedor en un punto de encuentro para quienes disfrutan descubrir nuevos sabores sin necesidad de salir de la Ciudad de México.

Pero si algo hace especial la visita es que la experiencia no termina en la mesa. El ambiente tiene esa energía latina que invita a quedarse un poco más, pedir otra bebida y, eventualmente, terminar cantando una canción frente a todos. Especialmente por la noche, el lugar adquiere un ritmo mucho más festivo con karaoke, música y un ambiente que funciona igual de bien para una salida con amigos, una reunión familiar o incluso una cita diferente.

Un viaje que comienza en Colombia

Mi recorrido gastronómico comenzó en Valderrama, la propuesta colombiana del comedor, con una cachapa de chicharrón de cerdo que terminó convirtiéndose en uno de mis favoritos de la visita.

La cachapa es una preparación tradicional venezolana elaborada a base de maíz tierno, reconocida por su textura suave y su característico sabor ligeramente dulce. En esta versión, ese perfil de maíz funciona como contrapunto perfecto para el chicharrón de cerdo.

Y aquí tengo que detenerme en el chicharrón: crujiente por fuera, suave por dentro y con ese sabor profundo y ligeramente graso que hace que cada bocado sea completamente satisfactorio. La combinación resulta especialmente interesante porque juega con texturas y sabores opuestos: la suavidad y dulzor del maíz frente al carácter intenso y crujiente del cerdo.

Fue de esos platillos que llegan a la mesa y, antes de terminar el primer bocado, ya sabes que vas a querer probar otro.

Brasil servido en un hot dog

Después llegó Meu, Cocina de Barrio Brasil, una propuesta que lleva los sabores brasileños a un formato mucho más casual y divertido: su Hot Dog Brasileiro.

La preparación parte de un pan brioche hecho en casa, untado con aderezo de hierbabuena, y suma salchicha estilo Frankfurt, pomodoro fresco, elote dulce, puré de papa con queso y papa palito. Acompañado de papas fritas a la provenzal, es un platillo abundante, reconfortante y, sobre todo, de esos que se disfrutan sin demasiadas formalidades.

Lo que más me gustó fue precisamente esa mezcla de elementos. El brioche aporta suavidad y un ligero dulzor; el pomodoro da frescura; el puré con queso suma cremosidad y las papas palito aportan ese toque crujiente que hace que cada mordida tenga algo diferente.

Es, además, una muestra de lo que hace divertido al Comedor de los Milagros: no tienes que sentarte a una mesa tradicional de cocina brasileña para acercarte a sus sabores. Puedes hacerlo a través de una propuesta urbana, abundante y muy fácil de compartir.

El brindis de los Milagros

Y como todo buen recorrido gastronómico merece una bebida a la altura, la noche continuó en Barra Latina con una Cuba Milagros, preparada con cachaça white, lichi, fresa, limón, jugo de toronja y jarabe de pimienta rosa.

Es una combinación que juega entre lo frutal, lo cítrico y un pequeño toque especiado, perfecta para acompañar una noche en la que la comida es apenas el inicio de la experiencia.

Para quienes prefieren algo sin alcohol, Aguas Milagrosas también tiene opciones para refrescar la visita. Yo probé el frappé de mango maracuyá, una alternativa tropical, fresca y con ese equilibrio entre el dulzor del mango y la acidez característica del maracuyá.

Un comedor que se disfruta con todos los sentidos

Hay algo que me parece especialmente atractivo del Comedor de los Milagros: no intenta ser únicamente un lugar para comer. Es un espacio para reunirse, probar, compartir, cantar, brindar y dejar que la noche avance sin demasiada prisa.

Puedes llegar con la intención de probar un solo platillo y terminar haciendo un recorrido por diferentes cocinas; puedes sentarte a conversar o terminar levantándote para cantar una canción frente al resto del comedor. Y justamente ahí está parte de su encanto.

Porque más allá de sus diferentes propuestas gastronómicas, el verdadero protagonista es la posibilidad de viajar por Latinoamérica a través de la comida, sin salir de la Ciudad de México.

Mi recomendación: ir con hambre, ir acompañado y, si quieres vivir el lado más divertido del lugar, elegir la noche. Porque en El Comedor de los Milagros la cena puede comenzar con una cachapa, continuar con un hot dog brasileño, acompañarse de un cóctel y terminar, casi sin darte cuenta, con el micrófono en la mano.

Y ese, quizá, es el verdadero milagro.

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